viernes, 29 de junio de 2007

La enfermera

Luis tenía una dolencia grave. Una complicación le llevó a la unidad de Reanimación del hospital hace unos días. Su corazón no aguantaría mucho más. Las pastillas que le había prescrito el médico le ayudaban a mitigar el dolor. Pero su mayor dolor era la soledad. Sin embargo, todas las mañanas (salvo las que ella libraba) la amplia sonrisa de la enfermera que entraba en su habitación con una energía envidiable le insuflaba un hilo de vida extra. ¡Buenos días, Cristina!
(Homenaje a mi hermana)

Plumajes

Este es para todos esos hombres que tanto quiero y que son lo que son: ellos mismos, maravillosos. A vuestra salud, por haber sido valientes y por haberos atrevido a no renunciar a vuestra esencia.

Millones de aves con brillantes plumajes arco iris habían colonizado el centro de la ciudad; piaban y revoloteaban incesantes llenando todo de luz y de alegría. Los vecinos, asombrados, salían a sus balcones a contemplar el espectáculo y sonreían felices. Una marea de alegría y tolerancia lo invadía todo. La gente mayor ya no se acordaba del día en que las primeras aves empezaron a llegar. Al principio nadie notó nada, luego, se fueron dando cuenta de su llegada y hubo quien empezó a inquietarse. Eran pájaros exóticos y algunos temían por su seguridad... ¿Serán peligrosos? ¿Traerán infecciones? Pero la desconfianza fue dando paso al cariño y los antiguos habitantes del barrio pronto se dieron cuenta de que aquellas maravillosas aves lo habían transformado todo en un reino de color.
Mucho ha llovido en el barrio y en España entera. Quién nos iba a decir, en aquellos años de franquismo, de emigración, de represión y de pobreza que seríamos adalides de los derechos humanos y nos convertiríamos en uno de los pocos países del mundo en el que ser homosexual es algo, no ya socialmente aceptado, sino legalmente aceptado. El día 30 de junio de 2007 se celebra en Madrid la cabalgata del Euro Pride y sólo espero que esta ola de tolerancia e igualdad se convierta en un tsunami que alcance todos los rincones del mundo.

La llama

No acerques el dedito a la llama. Por qué, papá. Porque te quemarías. Y qué es quemarse. Quemarse duele mucho. Cuánto. Pues tanto como, reflexionó un instante y continuó, si papá te dejase de querer. La niña se rio y el hombre pensó que sería él quien nunca acercaría su dedo a la llama.

jueves, 28 de junio de 2007

Fragor de estío

Volaban a su paso nubes de mariquitas, saltamontes, san migueles, polillas y otros insectos que huían despavoridos ante tan temible carga . Las flores y la hierba, ya muy alta, azotaban sus piernas desnudas pero ellos seguían corriendo, ajenos a los latigazos, emitiendo temibles alaridos de guerra. Aullaban mientras galopaban porque era el primer sábado de verano y San Juan, con sus hogueras y cenizas, les traía promesas de libertad. Atrás quedaban el cole y las obligaciones, la ciudad y las plazas de asfalto gris. Volvían los días de bicicleta, meriendas, excursiones a Pico La Cruz, baños tardíos en la playa, chapoteos en el río... Así era el verano en el pueblo. Los árboles estaban colmados de fruta que robar y los campos de maiz eran magníficos laberintos donde jugar al pilla-pilla.

La venganza

Vive sólo para la venganza. Ella sabe mejor que nadie que su matrimonio estaba acabado -si es que alguna vez había tenido un principio-. Se empeña en decir que se ha derrumbado su proyecto de vida. Se engaña, pero a los demás no nos puede engañar. Ella no le amaba. Y él tampoco a ella. Nunca vi el amor ni siquiera rondarles. Que él se haya fijado en otra mujer, que se haya enamorado como nunca lo estuvo de ella, es una ofensa imperdonable. Por eso ahora se lo quiere hacer pagar con creces y se vale de todo cuanto esté en su mano para conseguirlo. Sólo vive para ello. Se está volviendo loca. Pero la venganza se sirve en plato frío.

(Éste es también mi pequeño homenaje a Jorge)

La verdad

No pienso mentir en el juicio. Tú lo que tienes que hacer es contarle al juez todo lo que yo te he dicho. Eso no es más que una sarta de mentiras. Sí, pero te librarán de la cárcel. Soy inocente y no me puedo creer que todo esto me esté pasando a mí.
Desde el banquillo miró a su abogado, luego al juez, después al jurado. Dijo la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad.
Ahora mira desde su ventana una ciudad que le resulta ajena. Su conciencia, tranquila. Su corazón, hecho pedazos. A veces piensa que le gustaría lanzarse al vacío desde allí mismo. Los barrotes lo impiden.


(Este mini cuento está dedicado a mi amigo Jorge, condenado a cuatro días de arresto domiciliario y a tres meses de alejamiento por decirle a su ex mujer lo que verdaderamente es: 'imbécil, maltratadora y mala' (sic).)

Un aire

Hacía años que Maribel no salía de fiesta. Ya se había olvidado de lo que era una borrachera, con su impepinable resaca. Y no es que no quisiera, pero un cúmulo de circunstancias –sus amigas se habían casado, ella se había ido a vivir a otra ciudad, quizás se estaba haciendo mayor...– la lanzaron al abismo de internet. O eso era lo que le decían. Maribel, que estos sitios para conocer gente en la red no esconden más que a raritos y gentes de mal vivir. Quizás tenían razón, pero éste era el único vínculo que tenía con el resto de los seres humanos del planeta (los compañeros del trabajo no contaban, porque apenas les veía, retirada, como estaba, en el último despacho del fondo de la planta séptima de una multinacional). Sabía que muchas de las cosas que le decían esos desconocidos en los foros ‘encuentra-pareja’ no eran verdad. Pero, qué más daba. A ella le hacían sentir bien. El pitido del ordenador, anunciándole una nueva entrada en la ventana del ordenador que siempre tenía abierto, y una ráfaga de aire de la ventana de su despacho, la sacó de su ensimismamiento.