¿Qué esperas de tu hija? Nada, respondió Eusebio. Una vez más, nadie en el pueblo parecía entenderle. Pero, hombre, de los hijos siempre se espera algo. He tenido una hija para dar, no para recibir.
Eusebio y la niña tomaron el sendero y jugaron a dar patadas a las piedras.
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